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Estés donde Estés Juega y Gana
No es un hecho casual que el juego de las máquinas
tragaperras sea el que más adictos produce. A diferencia de
otros países, su instalación en España no se restringió a salas
de bingo y casinos.
Me he permitido tomar prestado para el título de este artículo
el lema de un anuncio de televisión que hemos podido ver
recientemente. Dicho spot parece técnicamente perfecto: en él
las carreras hípicas atraviesan la ciudad, representando la gran
accesibilidad que hoy en día ofrecen las apuestas de estas
competiciones, relanzadas en los últimos días. Gracias a las
carreras hípicas el espectador, el ciudadano, ya dispone de un
nuevo juego de azar.
Por otra parte, el eslogan no deja lugar a dudas: se divulga la
idea de que jugar implica ganar, cuando no hay nada más lejos de
la realidad. Precisamente una de las consecuencias de la
adicción al juego son las deudas acumuladas y los problemas
económicos, el jugador patológico va necesitando jugar
cantidades crecientes de dinero, que le ayudan a conseguir el
grado de excitación deseado, aunque por otra parte es
perfectamente consciente de que a la larga va a perder.
EN EL ESTADO, aunque surgieron hace muchos años, algunos juegos
de azar como las loterías, los cupones de la ONCE etc, se
legalizaron en 1977. A partir de entonces aparecerían casinos,
bingos, máquinas tragaperras etc, hasta llegar al gran número de
juegos de la actualidad y también de personas con problemas
relacionados con el juego. La oferta social generada por la
legalización del juego ha incrementado considerablemente el
número de jóvenes que sufren problemas de ludopatía. Este hecho
ha motivado que en numerosos países se generen profundos debates
sobre la cuestión.
No es un hecho casual que el juego de las máquinas tragaperras
sea el que más adictos produce en el Estado. A diferencia de
otros países, su instalación en España no se restringió a salas
de bingo y casinos, sino que se permitió también en bares y
cafeterías, lo cual lo hace mucho más accesible. Se ha
convertido en el juego más popular y el que más dinero recauda,
permite muchas apuestas en poco tiempo, de poco dinero, con un
intervalo de siete segundos desde que se realiza la apuesta
hasta que se obtiene “el premio” –esto aumenta enormemente su
capacidad adictiva– y, por tanto, con la percepción ilusoria y
casi mágica de control sobre la máquina. La mayoría de los
pacientes que atendemos en el CMAPA (Centro Municipal para la
Atención y Prevención de las Adicciones) sufren dependencia de
las máquinas tragaperras.
Se considera otro factor de riesgo tener padres jugadores; ya
que con frecuencia los padres o madres que juegan lo hacen en
presencia de sus hijos pequeños o adolescentes, que aprenden lo
que ven. Se trata de una conducta que no está reprobada
socialmente.
Asimismo, inducen a la ludopatía la presencia de otras
adicciones en la familia, como puede ocurrir con el alcoholismo.
En ocasiones, se busca olvidar o superar las carencias afectivas
generadas por este tipo de situaciones en el juego o en otras
drogas (legales o ilegales). Como sucede con otro tipo de
adicciones, la ludopatía inicia espirales que conllevan a la
precariedad laboral o se ven facilitadas por ella misma,
generando múltiples problemas de toda índole a las personas que
lo sufren.
EN NUESTRO servicio del CMAPA contamos con un nuevo programa de
atención a jugadores patológicos desde hace unos meses; se
observa que los jugadores funcionan psicológicamente como otros
adictos a sustancias. Cuando un jugador social evoluciona hacia
la adicción pierde la libertad y deja de controlar el juego, es
el juego quien le controla. Como los adictos al alcohol o a
otras drogas nos encontramos en la mayoría de los casos con
personas con dificultades psicológicas, aunque a veces ellos no
sean conscientes. Con la excitación que produce el juego el
paciente ludópata olvida la depresión o sus obsesiones, supera
la pérdida de un ser querido, da rienda suelta a su
impulsividad, entretiene su alcoholismo, etc. Con frecuencia, en
pocos años, el adicto tiene dos problemas, el primero que se
pretendía olvidar y la adicción al juego. Un pequeño número de
pacientes son personas sin problemas previos, los premios
iniciales, la excitación y la creencia de que podían controlar
la máquina les ha facilitado convertirse en adictos.
¿Cuándo se considera a una persona adicta al juego? Los adictos
están centrados y preocupados constantemente por el juego,
sienten un impulso irresistible hacia él, maquinan formas de
conseguir dinero y pueden gastar como media entre 60 y 200 euros
al día, incluso más. La cantidad de dinero aumenta
progresivamente. Se miente a los miembros de la familia, se
cometen actos ilegales y se pierden relaciones interpersonales,
trabajo y oportunidades educativas importantes. En nuestro
programa de tratamiento combinamos la terapia individual y la
terapia de grupo con un objetivo central: conseguir y afianzar
la abstinencia definitiva al juego.
CREEMOS oportuno que un día como ayer, en el que reflexionamos
sobre la ludopatía, nos paremos a pensar sobre una adicción que,
a pesar de gozar de cierto beneplácito social, cada día destroza
vidas y familias a nuestro alrededor. Afortunadamente en nuestra
ciudad disponemos de un recurso público, el CMAPA, en el que se
trata de un modo profesional e integral todo tipo de adicciones,
incluidas las derivadas del juego. Por ello, nos gustaría
alertar a la ciudadanía sobre esta situación e invitar a
aquellas personas preocupadas o interesadas por la cuestión a
que lo visiten y se informen sobre los problemas de la adicción
al juego y sus consecuencias. Porque pensamos que para ganar es
necesario previamente estar bien informado y actuar con
responsabilidad.
*Concejala de CHA, delegada de Acción Social y Cooperación al
Desarrollo del Ayuntamiento de Zaragoza.
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