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Tres de cada diez ludópatas son mujeres
La ludopatía es un trastorno que afecta a alrededor del
3% de la población española. Tres de cada diez afectados de esta
patología son mujeres. Sin embargo, del volumen total de
personas que deciden realizar un tratamiento sólo un 10% son
mujeres. El ludópata es un enfermo, no un «jugador de mierda».
Lo dice Raquel desde su experiencia como novia de un joven
afectado por el juego patológico, un trastorno psicológico de la
impulsividad que alcanza entre un 1% y un 3% de la población
adulta española. Y le dan la razón los expertos que, como el
psicólogo clínico Enrique Echeburúa, confirman la «pérdida de
control» de quien «juega porque lo necesita y desatiende sus
necesidades de trabajo, estudios, familia y amigos», hasta ser
«esclavo de esa conducta».
Las repercusiones directas -como explicó Echeburúa en una
Jornada sobre Juego Patológico organizada por las fundaciones
Gaudium y Ramón Areces- suelen ser tremendas. Su relación de
pareja y con los hijos se deteriora conforme «miente sobre el
uso del dinero». Su nivel de concentración laboral decrece al
estar «pendiente de volver a jugar y de recuperar lo perdido».
Como «no hay economía que resista», llegan las deudas, la
tentación de taparlas con operaciones fraudulentas y, a veces,
los problemas con la justicia. Y brotan «otros problemas
psicopatológicos», como la depresión -se da cuenta del rechazo
social y de la ruina a la que está llevando a su familia y a sí
mismo-, el alcoholismo y la drogadicción o, en los casos más
graves, el «riesgo de suicidio como escape».
terapias. La otra cara de esta dura realidad es el «optimismo
razonable» de los especialistas sobre los tratamientos
farmacológicos y psicológicos, que logran tasas de éxito del
60%-80% al cabo de cuatro meses de sesiones terapéuticas
semanales. De hecho, el gran reto es «tratar a los que no
acuden», ya sea por el típico «mecanismo de negación del
problema» que impide afrontarlo hasta que surgen complicaciones
familiares, laborales o judiciales; ya por el mayor rechazo
social en el caso de las mujeres (son el 30% de los ludópatas,
pero sólo el 10% de los tratados), que «las disuade» de pedir
ayuda.
La eficacia terapéutica y la tasa de abandonos (30-40%) podrían
mejorar si se trataran antes. Ahora lo hacen, aclara Echeburúa,
con un «historial de 5-10 años de juego» y ya con secuelas.
Como cuenta Montserrat, «notaba que faltaba dinero, pero mi
marido me decía que se compraba herramientas. Todo estalló
cuando llegó una carta anunciando un embargo. Le di un
ultimátum: o buscaba ayuda, o terminaba la relación». Con el
apoyo de la Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en
Rehabilitación todo le va mejor ahora.
«Se sale, pero es duro y cuesta mucho»
Mariano, jugador de todo durante 32 años, lleva 17 años
rehabilitado. Reconoce que aceptó acudir a terapia para engañar
a su familia, no para curarse. Santiago, que se enganchó al
juego con las máquinas tragaperras con 12 años, asegura que el
primer paso es darse cuenta del problema y pedir ayuda.
n Todo le va mejor también a Mariano con el apoyo de la
Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Azajer).
Este hombre, que se declara «jugador de todo durante 32 años» y
a quien su hijo «echó de casa porque no iba a permitir que
chuleara a su madre», reconoce que aceptó la terapia «para
engañar a mi familia, no para curarme», pero eso le ha permitido
reescribir su vida. «Llevo 17 años sin torcer un solo renglón, y
hoy disfruto de toda mi familia y de mis compañeros».
A su lado, un ex ludópata que se confiesa analfabeto desborda
sabiduría existencial: «Aprendí a vivir sin jugar, y eso me dio
beneficios familiares y sociales que me hacen seguir así. Cuando
jugaba me sentía desgraciado, pero ahora me he encontrado a mí
mismo como persona, sin restricciones. El juego te impone
limitaciones de tiempo y dinero, y hay que disfrutar de la
propia vida, no de la vida de la adicción». «Se sale, pero es
duro y cuesta mucho», admite por su parte Santiago, cuya
ludopatía precoz -se enganchó a las tragaperras de los bares con
apenas 12 años- confirma los perfiles típicos del juego
patológico. Primero, «tenía que ganar siempre, y si perdía algo,
tenía que recuperarlo». Después, «sabes que te ocurre algo que
no es normal y te vas encerrando en el juego». Finalmente «veía
que no podía dejarlo, tenía mucho miedo y vergüenza, y siempre
quería huir, de la gente, de mí, del problema. Hasta que la
situación se hizo insostenible».
El primer paso es «darse cuenta del problema y pedir ayuda».
Pero no basta. Ana Requesens, directora de la Fundación Gaudium,
sugiere que «la ludopatía sea reconocida como adicción sin
sustancia» por el Plan Nacional Sobre Drogas -ya lo hacen Madrid
y Andalucía para investigarla mejor. Y Echeburúa recalca que «su
sitio está en los Centros de Salud Mental», aunque éstos «suelen
derivar a los afectados a las asociaciones».
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